martes, 28 de junio de 2016

AUTUMM IN NEW YORK 


It's autumn in New York /That brings the promise of new love / Autumn in New York /Is often mingled with pain /Dreamers with empty hands /They sigh for exotic lands /It's autumn in New York /It's good to live it again (Fragmento de canción de Vernon Duke 1934). 


Texto y fotografías Alejandra Llosa Ricketts (Año 2012)
Texto publicado en Blog eraviajera (2016)


 


Otra persona llega a Nueva York. Nada pasa. A diferencia de otras ciudades del mundo, grandes o no tan grandes, donde tanto locales como foráneos pueden identificar a un “nuevo” de inmediato, como un lobo reconoce la presencia de un extranjero de su misma especie a cientos de kilómetros de distancia, en Nueva York eso nunca o casi nunca pasa.

Todos pueden ser newyorkinos. Es tal la diversidad cultural: etnias, lenguas, religiones, sexo, moda, arte que todos son hijos de esta ciudad y a su vez es su única y más preciada patria. Hay tanta gente dando vueltas y caminando en todo momento y a cualquier hora del día que cada persona cree que todos son tan extraños como lo es él. Yo no soy la excepción. Por eso amo Nueva York, claro, y por supuesto por otras cosas más. 





Hay algo filosófico en despertar y salir a recorrer sus calles. Estar por unos días en Nueva York significa (así sea el primer o décimo viaje que hagas) vivir una de las mejores experiencias de tu vida. La primera vez impresiona, las demás veces enamora. Ese amor se renueva y se vuelve cada vez más loco. Cada nuevo rincón que descubres, cada sonido que te entrega la noche, cada amor que vez aparecer al cruzar la calle. 



Sentarse en una banca del City Hall Park y observar a un bello muchacho rubio leer un libro, bañado por unos cuántos rayos de sol que aún resplandecen a fines de agosto puede ser tan apacible como mirar el mar al final de la tarde, cuando el sunset se va a empezar a manifestar. Cada mañana el panorama nos construye una aventura diferente. Nada es previsible y tú mente fluye y corre a la velocidad de un guepardo. 



Si eres músico tu voz y tus manos no pueden dejar de hacer música. Si eres escritor no puedes parar de escribir. Si pintas quieres pintar cada calle, cada rostro, cada vitrina. Si eres un fotógrafo enloqueces con solo sentarte en alguna grada de Chinatown, quieres capturarlo todo y todo te captura. Cada ser es un mundo deslumbrante que atrae tu imaginación y te tienta a perseguirlo para descubrir su historia, su sonrisa, su tristeza, su mundo imperfecto. 






Escudo del Perú, Central Park, New York (A. Llosa)


Porque aunque todos los que pisamos sus calles y nos enamoramos de Nueva York, ella también nos desilusiona, a pesar de sus luces de neón, sus souvenirs y pantallas gigantes, sus edificios y clubes, sus hermosos habitantes, sus escaparates y rarezas, su música y la opulencia. A pesar de ello, también nos entrega eso que mortifica a los vivos, esa desilusión que no se ve, que flota en silencio en el aire y se siente y se sabe.






Nueva York sufre pero tiene a Broadway y por eso la dejamos ser y somos con ella. Enfermos, enamorados. Tiene a Central Park, la 5ta Avenida, Minetta Street con sus extraños recovecos, los bares, sus apestosos clubes de jazz, sus conciertos de blues en las esquinas. Quizás ya no sea la época en la que era habitual dar paseos constantes y prudentes por el precipicio, vivir la noche y llegar al alba, zumbando vino y tarareando alguna canción de Pink Floyd, pero eso a Nueva York no le importa, porque ella siempre te engulle al verte llegar y te hace vivir una eterna juventud en la que nada es imposible, nada tiene prejuicio y nada importa lo suficiente como para ser real.




Minetta Street




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